viernes, 23 de agosto de 2019

ANTE LOS ROBOTS Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL


EL DESAFÍO DE SOSTENER
LA CONDICIÓN HUMANA

Por Juan José García Posada

¿Qué actitud sea la que debamos asumir ante la presencia de robots que estarían disputándonos funciones profesionales y de unas formas de inteligencia artificial que podrían ponernos en jaque en nuestra condición de seres humanos?
No es posible hacer precisiones o afirmaciones inmodificables. Debemos elaborar conjeturas hacer presunciones, porque estamos todavía, a pesar de la inminencia de las manifestaciones de la Cuarta Revolución Industrial, en el campo de lo estimativo e hipotético.
Sin pretender que estas consideraciones sean indiscutibles, pues se trata de puntos de vista muy personales y basados en buena parte en la observación y la experiencia, creo que lo esencial consiste en identificar las reales amenazas contra la libertad y las prerrogativas fundamentales del ser humano como individuo activo e influyente en la sociedad. Así mismo, establecer las posibles opciones para afrontar tales amenazas.
Una de ellas es el desplazamiento, quizás la marginación del individuo, sugestionado por el nuevo estatus cómodo que facilitan los robots, pero también relegado a la condición de espectador pasivo y con unas posibilidades cada vez más limitadas de intervención en el control de la vida privada y, por supuesto, de la vida profesional en la esfera pública.
La reducción del ámbito de competencia y de acción del individuo puede ser tentadora. Poco a poco y de modo imperceptible, vamos cediendo funciones, desde las elementales hasta las complejas, en la creencia engañosa de que somos beneficiarios de las innovaciones tecnológicas en materia de robótica e inteligencia universal.
El aperezamiento por la agradable posibilidad de manejar todo mediante un aparato de control sin necesidad de movernos de un sitio confortable de trabajo, ha de ser, entonces, un factor determinante, a mediano y largo plazo, de nuestra derrota como seres humanos.
Acabaríamos convirtiéndonos en personas inhábiles, atrofiadas para retomar nuestras labores habituales, por falta de uso de nuestras propias capacidades. Al delegarle a un robot y a un sistema tecnológico inteligente hasta las tareas más sencillas, vamos ganando, es cierto, en la ampliación placentera del tiempo de ocio. Pero así mismo vamos perdiendo la agilidad y las habilidades indispensables para sostener un tiempo y un espacio propicios para las actividades laborales y las funciones inherentes a nuestra condición.
Y llegará, por consiguiente, el día en que nos veremos convertidos en sujetos en el sentido literal del vocablo: Sujetos, retenidos, agarrados, tomados, sostenidos y controlados por otras fuerzas potentes, inevitables y dominadoras. Tal es la condición engañosa del sujeto: No es tan autónomo como parecería, puesto que está sujeto, está sujetado, está gobernado, controlado y por consiguiente pierde autonomía.
El nuevo dilema es el de acción o comodidad. Si actuamos estaremos perdiendo comodidad, pero en la medida en que pretendamos estar más cómodos perderemos capacidad de acción y autonomía, así como habilidad para movernos en nuestro propio entorno.
En uno de los videos se habla sobre el miedo a la muerte como una de las notas distintivas del ser humano confrontado con el robot. Hablemos, de modo quizás menos patético, del miedo a la pérdida de capacidad de acción. En la medida en que vamos observando ejemplos de desplazamiento, de reemplazo en nuestras funciones, de reducción de las oportunidades laborales, en esa misma medida seremos temerosos de una derrota final, la derrota de lo humano.
De ahí, entonces, que la principal decisión debe ser la afirmación de la condición humana, de la autonomía y la responsabilidad y de los derechos inherentes a la persona. Es obvio que se justifique hacer determinadas concesiones en busca del bienestar, de una razonable comodidad, pero siempre y cuando no constituyan claudicaciones que les atribuirán de modo gradual y progresivo un mayor poder a los robots y los artefactos de inteligencia artificial.
La idea de la resistencia ética proyectiva, en que he venido insistiendo, tiene pertinencia en esta discusión: Resistir y proyectar, asegurar el respeto y la salvaguarda de nuestro ámbito particular y nuestras capacidades de interacción con los demás, mantener bajo control a los robots y rehusar cualquier posibilidad de acabar convertidos en simples y degradados sujetos carentes de independencia y sometidos a un dominio deshumanizante. He ahí el gran desafío.

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