sábado, 17 de agosto de 2019

PUNTAJE EN LAS REDES Y RÁNQUINES...


LA IDENTIDAD AMENAZADA

Por Juan José García Posada

Comentario posterior a la clase sobre la pérdida de identidad en las plataformas informáticas y las redes sociales. El caso de la estrategia de acreditación social en China y el episodio de la serie Black mirror.

En las dos clases anteriores hemos afrontado el tema nuclear de las amenazas contra la identidad. La identidad personal, tratada con el ejemplo patético e inquietante del episodio de la serie Black Mirror, titulado Caída en picada. Asímismo, con la referencia a la estrategia de control de los ciudadanos instrumentada en China con el nombre de acreditación social, que parece una reproducción, corregida y aumentada, de la situación descrita en el episodio visto. Y la identidad profesional, es decir la pérdida gradual y progresiva de la naturaleza esencial de la profesión periodística, por causa de la profusión y la multiplicidad de contenidos que se emiten y circulan por las plataformas informáticas y las redes sociales, que ocasionan confusión sobre lo que es y lo que no es periodístico y, por consiguiente, sobre lo que es consecuente o no lo es con el deber ser ético de nuestra profesión.

¿Se trata de un problema nuevo, emergente, sobreviniente, o por el contrario estamos presenciando la potenciación de un fenómeno que ha surgido y ha venido expandiéndose desde el comienzo mismo del periodismo y la comunicación? ¿Antes de la internet, de las plataformas informáticas y de las redes sociales no había, acaso, amenazas contra la identidad propia del periodismo y la comunicación, y no las había tampoco en contra de la identidad de las personas? ¿La aplicación de métodos de control ciudadano apenas ha aparecido en los años recientes, como demostración de la presencia dominante, controladora y absorbente del llamado Gran Hermano de Orwell en su novela 1984?

¿La vigilancia invisible pero real y permanente de un ente que sigue nuestros pasos, dirige nuestros pensamientos y premia o castiga, apenas empezó con la internet, las plataformas informáticas y las redes sociales, o está actuando desde tiempos indefinibles, es decir desde cuando la sociedad humana empezó a ser regulada, gobernada y controlada por el poder y los aparatos que lo respaldan, en cualquiera de sus concepciones y manifestaciones? ¿Cuáles son las diferencias entre el control actual en la China con su sistema de acreditación al estilo del episodio de Black Mirror y el control de los individuos en tiempos del Imperio Romano?

Desde los consejos de Maquiavelo al Príncipe está claro que el primer deber del gobernante consiste en sostenerse en el poder. Para conseguirlo apela a todos los métodos, incluidos los legítimos, que le permitan ejercer la autoridad y modular o recortar las libertades. El dilema actual entre seguridad y libertad, que se ha acentuado a partir de la intensificación de las disposiciones preventivas y represivas aplicadas en las fronteras, por ejemplo en las oficinas de inmigración de los Estados Unidos y de la gran mayoría de los países, para evitar al máximo la amenaza terrorista, no es algo nuevo y desconocido. Siempre ha estado latente en las discusiones sobre el equilibrio entre esos dos valores.

Si se pretende ser libre es preciso graduar la seguridad. Y si se pretende estar seguro también es necesario modular la libertad. Libertad y seguridad sólo conviven y armonizan cuando una y otra se morigeran, se gradúan, para que haya un equilibrio razonable. No hay libertad ni seguridad en términos absolutos. La libertad absoluta conduce a la anarquía. La seguridad absoluta equivale a la tiranía, al despotismo y, como el nombre lo indica, al autoritarismo.

Con la evolución de los conceptos y las teorías de ingeniería social y la invención y adopción de las más avanzadas tecnologías, el control de la libertad puede ser más sutil e imperceptible, así como el de la seguridad también está dotado de técnicas sofisticadas cuyo conocimiento no está al alcance de todos los ciudadanos. Y en el supuesto en que se conozcan, evitarlas o frenarlas se convierte en algo casi imposible, debido a la fortaleza con que se establecen y se imponen. ¿Quién puede garantizarnos, por ejemplo, a los habitantes de una ciudad como Medellín, que las cámaras de vigilancia sólo se utilicen para disminuír la acción delictiva y reducir las posibilidades de los rateros, carteristas, ladrones de celulares y bicicletas o raponeros, y no para mantener, bajo alguna administración que tenga vocación despótica, un control de los movimientos de los ciudadanos para clasificarlos y mantenerlos en estado de docilidad y obediencia que reduzcan las libertades de movilización e incluso de expresión? Ninguna ciudad, ningún país están libres de la dominación totalitaria en forma total o parcial. Lo primero que los regímenes despóticos ponen bajo control es la libertad en sus distintas dimensiones: La libertad de expresión, la de movilización, la de acceso a la información, etc.

Por supuesto que las libertades están bajo amenaza progresiva en la medida en que se incrementen las capacidades de usar la tecnología y los responsables de políticas subrepticias, clandestinas, de ingeniería social, aumenten su poder de acción, gracias en gran parte a la indefensión y el desconocimiento de los mismos ciudadanos.

Pero además, no es exacto atribuirles el uso del poder sólo a los gobernantes de turno. También pueden tener dominio complejas organizaciones privadas y facciones delictivas interesadas en el control de los ciudadanos. La clasificación puede resultar complicada y extensa. Sin embargo, podemos intentar una aproximación: El manejo de algoritmos en las llamadas redes sociales e internet, y no es ningún secreto, sirve para identificar gustos, preferencias, tendencias y actitudes de los ciudadanos en la condición de usuarios y consumidores de bienes y servicios. No nos sorprendemos ya cuando, después de haber optado en Facebook por algún anuncio de agencias de viajes o de empresas aéreas, empezamos a recibir persistentes notificaciones relacionadas con el tema. Este solo ejemplo, entre muchísimos más, nos muestra cómo el mercadeo, la publicidad y las ventas, también utilizan métodos de control afines a los que hemos advertido en los ejemplos analizados.

Esa forma de orientación de los consumidores ya forma parte de la cotidianidad. Pero hay otras formas que por lo regular no advertimos: ¿Quién puede negar que alguna estructura criminal, alguna banda delictiva, esté haciéndole seguimiento a alguien para estudiar sus movimientos, sus actitudes y tendencias y sus gustos o pareceres, sus capacidades económicas y demás, con el fin de convertir a esa persona en víctima de un delito? En otros términos, la amenaza contra la identidad comporta una amenaza contra la seguridad personal, contra la integridad individual, familiar, grupal o colectiva. Y no son advertencias imaginarias ni traídas de los cabellos. Están latentes en la vida diaria.

Y desde un punto de vista menos pesimista, negativo, catastrofista, digamos que, así como va perdiéndose la identidad individual, como en el caso de la protagonista del episodio visto y analizado, también se pierde la identidad del medio o la empresa periodística o de comunicación, por ejemplo con la aceptación muchas veces obsesiva y además obediente de los métodos de medición de sintonía, de audiencia, etc., que imponen ganancia o pérdida de puntaje en los ránquines respectivos. Así como el ciudadano puede perder puntos en el ranquin de Facebook, por ejemplo, también los pierde el medio de comunicación que traza sus actividades profesionales en función del aumento de puntos en el ranquin de sintonía o audiencia, no importa si hace concesiones que desvirtúen sus principios, normas y propósitos éticos. En tales condiciones, cede en materia de servicio para evitar la pérdida en cuestión de beneficios transitorios, ocasionales. Acaba por subordinar el deber a la conveniencia pasajera. Pierde su identidad. Se desnaturaliza. No es un asunto nuevo. Viene de tiempo atrás, aunque va creciendo, multiplicándose. ¿Qué hacer, cómo pensar y obrar para frenar esas potentes amenazas? Ahí está el problema.

No hay comentarios:

Publicar un comentario